momento

Hay momentos en los que la fuerza de voluntad quiere flaquear y entonces las ganas de querer verte se vuelven una obsesión, me diluyo en la necesidad de saber el por qué si nuestros mundos dejaron de coincidir antes de decidir eliminar los puntos en común sigo  encontrándote entre mis pensamientos y me asaltan como siempre contigo una y mil dudas más: ¿Debería decirte que te extraño?¿Es absurdo que se acelere mi pulso cuando advierto tu presencia en unos de esos lugares que dejaron de sernos comunes?¿Encuentras esas pistas que dejó en el mundo para que sepas que sigo sintiéndote?¿Sabes que tus labios siguen siendo mi tortura y me engaño diciéndome que los necesito solo una vez más y en el fondo sé que no me alcanzaría solo una vez?¿Te gustaría saber lo que escribo para y por ti o prefieres conservar la inocencia ante mis pensamientos impúdicos?, y después de estás preguntas unas cuantas más porque soy ese ser horrible lleno de preguntas que no quieres puedes contestar, no vaya a ser que las respuestas te hagan pensar y eso siempre es terreno peligroso cuando de inconveniencias se trata.

Los momentos en los que ese mensaje tuyo llega y mi corazón se acelera avergonzando al más veloz de los colibrís, porque no importa la hora, el sitio y el lugar, para ti siempre tengo un sí reservado, son esos mis favoritos, sé  qué ya estamos más allá de la razón y es la crudeza del sentimiento la que lleva a ese encuentro.

El momento en el que en medio de la ciudad encuentro tu cuerpo y puedo leer en tu mirada (empinándome claro está) eso que prometimos no decirnos, pero que con un beso confirmamos siempre antes de que nuestros cuerpos sigan fieles a esa promesa que no necesitamos hacer para cumplirla siempre, ese es el momento que te mantiene en mi mente.

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