Once upon a time

Era de noche, olía a jazmín, corría licor por la sangre, el deseo imperaba los sentidos, el caminar bajo la luna, todas las condiciones estaban dadas para dar ese paso y aventurarse a una caída libre de proporciones bíblicas.

Le tomó menos de 25 segundos de mirar esos labios que solo le decían muérdeme para olvidar sus porque no y sucumbir al ¿porqué no?.

Hace ya mucho tiempo que conocía de primera mano la veracidad de los fuegos artificiales y los besos, de las mariposas y extensiones de piel tensa después de un leve roce, así que con su mejor juicio y las ansias que llevaba guardando desde hace mucho siguió.

Midió sus pasos, balanceó su peso, juntó todas sus malditas ganas, después de mucho pensarlo lo dejó de pensar y de la manera más criminal le dio ese beso que tenía en la punta de los labios y le estaba robando la cordura.

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