Pamema

Eduardo siempre llega puntual a esperar el bus.
Tiene una sonrisa coqueta,  él lo sabe y no teme usarla.
Eduardo usa la impresora a menudo,  a menudo también pide que le preste un lapicero.
Hace unos días en el paradero del bus le pedí un favor, desde entonces siempre me saluda con esa sonrisa.
Hoy Eduardo fue a imprimir de nuevo,  necesitaba un lapicero, preguntó mi nombre, al escucharlo la primera vez dijo que no se le iba a olvidar, le dije que esa era la idea,  me dio su sonrisa coqueta,  le devolví mi sonrisa traviesa.
Eduardo es un buen jugador,  pero él no sabe que yo lo sé.

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